entrevista sl sr BRUNO DELL ARCIPETRE de MUKY

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entrevista sl sr BRUNO DELL ARCIPETRE de MUKY

Mensaje por ELOVALOAZUL el Lun Nov 22, 2010 8:35 pm


Bruno dell Arcipetre de Muky



Intrigados por la historia y la evolución de la fábrica argentina de diecast Muky, decidimos buscar a sus dueños a fin de reconstruir este pedacito de historia tan importante como olvidado por nuestra cultura.

Comenzamos a charlar con gente aviesa en el tema intentando entablar un contacto directo con quienes manejaban la fábrica antes de su cierre a principios de la década del '90. Fue así como empezamos a atar cabos entre la información que había en las cajitas de los autos, los comentarios que recibíamos de colegas coleccionistas a través de nuestro web site y charlas con gente entendida. Sin embargo, las piezas de este rompecabezas no encajaban, teníamos baches de información y falta de registros. Los innumerables recuerdos se hacían borrosos y los datos certeros no nos llevaban a buen puerto.

A partir de comentarios que nos hicieron algunos amigos que trabajaron en la producción de autitos diecast durante la década del '80, nos enteramos que al dueño de Muky le encantaba volar avionetas y que la mejor forma de contactarnos con él sería a través del aeródromo de Gualeguay, Entre Ríos, ciudad en la que funcionaba la fábrica. Luego de consultar las guías telefónicas de Buenos Aires y Entre Ríos, el servicio de información telefónica y charlar con casi todas las operadoras, conseguimos el teléfono el aeródromo, el primer paso estaba dado.

Llenos de emoción y expectativas llamamos, hablamos con quien estaba encargada y le explicamos que estábamos buscando al dueño de la fábrica que solía producir los autitos Muky. Allí nos encontramos con un nuevo problema, ya que no conocíamos el nombre –ni el apellido- de dicha persona. Igualmente la señorita que nos atendió, con mucha buena voluntad, buscó y buscó hasta que finalmente estableció la relación entre la persona que buscábamos y quien solía frecuentar el aeródromo. Lamentablemente tal persona ya no solía ir a volar allí. A pesar del nuevo traspié, la operadora del aeródromo nos dio dos datos importantes, uno no nos fue de gran utilidad, ya que nos dijo que lo podríamos encontrar cerca de la ruta 11, que por allí iba ahora, pero, dicha ruta, es inmensamente extensa y hacía la tarea casi imposible. Pero el segundo dato fue de crucial para el desarrollo de la búsqueda: nos dio el teléfono de la oficina de turismo de Gualeguay, proponiéndonos que llamemos y que allí seguramente nos podrían ayudar.

A los pocos días de la charla, llamamos a la oficina de turismo. Allí nos atendió la amable señora Elsa, a quien le contamos de nuestra búsqueda. Ella recordó algo, pero me dijo que quien podría saber más era uno de sus compañeros del turno tarde, con quien hablaría. Me pidió que lo llame a él a la noche y me dijo que igualmente ella iba a buscar toda la información que pudiera. Efectivamente, unas horas más tarde llamé a la oficina de turismo nuevamente y me atendió una compañera de Elsa, Marta, quien recordó que conocía a alguien que había trabajado en la planta y que creía que los dueños eran italianos –o por lo menos su apellido lo era, pero que ella no recordaba mucho al respecto-. Marta, así, aportó con una pieza crucial para nuestro rompecabezas, nos dio el teléfono de “Juan Berizo”. Él había trabajado en la planta. Cada vez estábamos más cerca de conocer la historia de los Muky.

Luego de grandes agradecimientos y con mucha emoción, llamé a la residencia de los Berizo, allí me atendió su esposa. Le explique nuevamente la situación y la razón de la búsqueda, ella quedó muy interesada, y me dijo que lamentablemente no podía ayudarme pero que seguramente su marido sí, para lo cual tendría que llamarlo más tarde. Nos despedimos afectuosamente.

Unos días después volví a llamar, esta vez con mucha mejor suerte, ya que encontré al señor Berizo, conversamos y él me contó que había trabajado en la fábrica Muky hasta su cierre. Con una nostalgia muy amorosa, me relató su experiencia y me dio el nombre de quien había sido el dueño, el Sr. dell Arciprete. Así también me informó de una lamentable noticia: dicha persona había fallecido hacía ya algunos años. Sin embargo, me contó de la gran amabilidad de su familia, me proveyó del teléfono de la misma y me dijo que sin dudas ellos me ayudarían.

Y así fue como, finalmente, gracias a la ayuda de todas estas personas, gracias a su buena voluntad y sus ganas de contribuir altruistamente con este proyecto para recuperar una partecita de nuestra historia, de nuestra identidad como cultura, llegamos a la fuente tan buscada por nosotros.

Cuando logré comunicarme con la Sra. dell Arciprete le conté sobre el proyecto del museo y las ganas que teníamos de hacerle una entrevista para conocer la historia de la fábrica, como surgió, el proceso por el cual tuvo que cerrar sus puertas, etc., a la vez que le comenté sobre las otras entrevistas que realizamos a otros productores, como Buby por ejemplo. La mujer pareció interesada en el proyecto y me comentó que quien podría ayudarnos en este tema era su hijo Bruno que desde siempre había estado inmerso en el tema y que vivía en Buenos Aires, donde estaba realizando una carrera universitaria.

Finalmente, nos dio el teléfono de Bruno, concretamos la entrevista, y un viernes a la tardecita nos juntamos a charlar, mate de por medio, un pequeño grabador que nos ayudaría a la hora de transcribir la charla, y mucha emoción producto del importante paso que estábamos por dar.



Toy Museum: Hola, Bruno, gracias por atendernos
Bruno: No, por nada, gracias a ustedes por acordarse de mi viejo

Toy Museum: ¿Cómo arranca la historia?

Bruno: Mi viejo arranca con una empresa de fumigación, muchos años antes del tema de los autitos. Él se inicia con el tema de piloto de avionetas desde muy joven, en los ´70. Empieza a trabajar de piloto y monta su empresa de fumigación en Entre Ríos, en Gualeguay. Después de varios años de trabajo logra hacer una diferencia y comprar la fábrica de autitos ya instalada, se la compra a un industrial de apellido Conti. Ahí empieza nuestra historia con los Muky, con la fábrica pero como segundo rubro. Cuando empieza a producir se empiezan a vender por todo el país, empieza a haber distribución, y empieza luego a transformarse en el primer rubro. Todo estuvo relacionado igual, tanto que hasta teníamos Muky y la fumigación en el mismo galpón, ahora lo ampliamos y tenemos fumigación aérea y terrestre y las máquinas de la terrestre que se hace en el campo las guardamos con todo ese equipo en el galpón. Los aviones los tenemos en otro lugar.

Toy Museum: ¿cómo se le ocurrió a tu papá empezar a hacer autitos.?

Bruno: No se, pero en realidad lo que se le ocurrió fue comprar la fábrica.

Toy Museum: Igualmente, él estaba con fumigación y de repente se fue a producir autitos diecast.

Bruno: Bueno, mi papá era así, tenía cada ocurrencia. Se le ocurrió y la pudo llevar adelante hasta que la situación del país lo obligó a cerrar.

Toy Museum: Uds. cuando chicos, chochos no? Era el sueño del pibe, tener un papá que haga juguetes.

Bruno: Si éramos los proveedores de todo el curso.

Toy Museum: Che, este tipo Conti...

Bruno: Libio Conti se llamaba, es el antiguo dueño de la fábrica, él fue el que creó la marca y la fábrica con ese nombre, con Muky, y la tuvo en Gualeguay durante varios años, el estaba alquilando un galpón. Nosotros le compramos toda la fábrica funcionando en el año '85 –no me acuerdo si es '84 o en el '85, eso lo tengo que confirmar- y el galpón lo seguimos alquilando hasta que compramos un galpón propio y seguimos con toda la matricería y la ampliamos, ideamos nuevos modelos y se siguió la producción.

Toy Museum: Y el nombre, entonces no tenés idea de donde viene ¿no?

Bruno: La verdad que no tengo idea, lo que sí, ni bien compramos, sé que seguimos con los registros de patente de la marca y a medida que íbamos trabajando iban surgiendo nombres, hasta hay anécdotas, por ejemplo, una marca de cacao brasilera tenía el mismo nombre que nosotros y había un estudio jurídico que la protegía en Buenos Aires, ellos siempre nos iba comentando que iban surgiendo empresas con el mismo nombre. Pero nunca supimos el origen de la marca.

Desde el año en que se compró se siguió la producción, aumentó bastante la producción en esos años, desde el '85 en adelante se puso acá en Buenos Aires una distribuidora que nucleaba todo el centro del país y después había toda una distribución interna con camionetas que viajaban al interior. Se viajaba desde el norte de las provincias, desde Catamarca hasta el sur en Chubut. Había dos o tres camionetas que hacían ese recorrido. Además había una matricería en Buenos Aires, todos los modelos que se le iban ocurriendo a la gente de la empresa un matricero trataba de llevarlos a la práctica y de hacerlos autitos de colección.

Toy Museum: ¿Siempre tuvieron el mismo tamaño?

Bruno: Si, siempre tuvieron ese tamaño y siempre tuvieron esa forma, nunca se trató de quitarle los detalles que tenían ni ampliarlos. Se buscó trabajar en la matricería con la misma materia prima. Lo que sí cambiamos, esto es un dato de color, es el tema de la suspensión, mejorando el producto. Antes, los hacíamos de Samac enteros, el material del que se hacía tanto el chasis como la carrocería, y nosotros lo que hicimos para mejorar la suspensión, cambiamos la parte del chasis y la hicimos de plástico. Esto fue un adelanto porque el auto resistía más el golpe de los chicos, fue una cosa inicialmente planteada desde los clientes y nosotros la tomamos. También por el tema de la producción, al tener dos líneas de montaje de plástico era más rápido hacerlos así que en Samac.

La base de los autitos es de plástico, así rebota mejor. Con el Samac el problema es que no rebotaban y se partían al medio porque no tenían elasticidad. El cambio tiene que ver también con la posibilidad de aumentar considerablemente la producción, porque teníamos dos máquinas de inyección de Samac y cuatro de plástico.

Las ventanillas, lo alerones, las ruedas y las bases se hacían en las máquinas de inyección de plástico.

F: ¿Las ventanillas fueron todas ámbar siempre?

B: No, las había azul, verde y ámbar.

Teníamos cuatro modelos de camioncitos. Dos de carga y descarga, uno de YPF que era todo una cisterna y un modelo que le poníamos todos cañitos pegados. Y también había una casilla rodante completa. Todos tenían su porque en la realidad que se estaba viviendo en aquel entonces.

Toy Museum: También tenían pistas...

Bruno: Sí, genéricamente venía el autito armado. Hay una pista que la hacíamos en la misma fábrica y que son como baguetas donde el autito se encarrila y vos lo tirás, también hay un lupping para que el autito de una vuelta con el impulso que le da el chico, y aparte de los autitos había un álbum de figuritas que los chicos tenían que llenar. En la solapa de cada uno de los autitos venía el número con el modelo del que estabas comprando, entonces, en la fábrica y en todas las promociones que hacíamos una vez al año en la costa atlántica, entregábamos los álbumes y a medida que los ibas completando ibas teniendo premios.

Toy Museum: Nos llegó la información de que regalaban vuelos en avioneta, ¿fue así?

Bruno: Sí, efectivamente había vuelos, también había becas de estudio desde secundario hasta terciario, entonces uno podía ingresar al Liceo o a la escuela secundaria...

Toy Museum: ¿En cualquier lugar del país?

Bruno: Claro, la fábrica te becaba dependiendo de dónde eras.

Como te comenté antes que la actividad principal de mi papá era la aeronáutica, también teníamos becas para que los chicos hicieran el curso de pilotos. Había un montón de premios que a medida que ibas completando el álbum te los dabamos desde la fábrica. Lo importante de todo esto es que no había figuritas difíciles. Porque vos elegías el modelo y completabas el álbum, ya sea con la cajita o con el Blister, en las dos formas tenías posibilidad de sacar la solapa. En la cajita venía punteada como en las cajas de remedios y vos lo sacabas y lo pegabas en un álbum. El modelo que a vos te faltaba ibas y lo pedías en un quiosco, y siempre había de todos los modelos, así que era muy fácil completar el álbum. Tengo recuerdos de gente que iba a buscar un gorro, que era el primer premio que podías obtener con tan sólo cinco autitos, hasta chicos que se les entregaba la beca de estudio. Era bastante completo en el tema premios, y lo más importante era que se mantenía, no era una promoción, es decir que desde que se ideó ese sistema se mantuvo.

Toy Museum: ¿Vos sabés como surgió esto?

Bruno: Salió de la cabeza de mi papá. Cómo, no sé, porque yo tenía cinco años...

Toy Museum: No claro, te pregunto porque realmente es muy extraño, que se regale una beca de estudio, es una idea genial.

Bruno: La verdad que sí.

Toy Museum: Y además es una apuesta grande al país, a los pibes, a su futuro.

Bruno: Sí, por supuesto, además, a medida que se iba dando todo el desarrollo que terminó con la industria nacional, se iba abriendo la importación, comenzábamos a tener más problemas para traer maquinaria de afuera, iba aumentando el precio de la materia prima, todas esas cosas, se fueron viendo esos cambios, y se fue achicando la producción, y empezamos a sacar esquelas en las mismas cajitas de los autos que decían “¡Compre Argentino, Ud. se beneficia!”, que trataban de inducir a la gente que siguiera comprando objetos producidos acá en la Argentina. Todo eso hace que te des cuenta de que quienes tenían la fabrica en ese momento, ya sea la gente de la gerencia o mi papá que era el dueño, tenían una idea de proyección nacional bastante importante.

Toy Museum:¿ Sabés cuantos modelos había antes de que ustedes tomen la fábrica?

Bruno: Son desde el # 8 al 40 que llegamos a hacer, nosotros de todo eso hicimos 7 u 8 modelos. El Ford, la Ferrari...

Toy Museum: ¿del 1 al 8 no se sabe?

Bruno: Empieza directamente desde el 8, la verdad que no se, así como no se sabe porqué el nombre Muky, tampoco se sabe por qué empezó desde el número 8.

Pero sí el tema es que era bastante costoso hacer la matricería. Cada matriz se sacaba en un año, o dos, de perfeccionamiento y trabajo. Tal es así que teníamos un hombre cuya actividad exclusiva era hacer los modelos, y en los 6 –7 años que la fábrica anduvo bien, sacabamos un modelo por año. Es muy costoso llevar adelante una matricería y tener personal especializado y únicamente para esa función, eso hacía que saliera un modelo por año. Ya te digo, salió el Escarabajo, la Ferrari, el Ford 40, una cupé del '30 y otros modelos más.

Toy Museum: El tamaño y la forma de las piezas de tu papá me parecieron muy parecidos a los HotWheels. De hecho yo no los distingo salvo que los dé vuelta y los mire desde abajo. ¿Tienen alguna relación?

Bruno: No, por lo que yo sé por los modelos anteriores, no había copias sino que eran ideados por el dueño de la fábrica. Ahora, que haya habido alguna relación indirecta, que él los haya copiado, puede ser, el tema es que todas esas marcas que son de afuera, con las nacionales hay toda una competencia, no en el mal sentido de la palabra, hay un cuidado importante con el tema de las patentes. Si vos hacés un auto y lo registrás, es muy difícil que te copien el mismo modelo. Pasó una vez con Buby, que sacó el Ford Sierra y una fábrica se lo quizo copiar y no pudo.

Es más difícil que dos marcas nacionales se copien que lo hagan de una de afuera, pero igualmente al registrarlo...

Toy Museum: Bueno igualmente ustedes no tuvieron nada que ver, en todo caso habría que preguntarle a Conti si lo copió o no...

Bruno: Si, exactamente. Aparte se sacaba de la realidad, por ejemplo el Escarabajo era un auto mundialmente conocido, no habría problemas en copiarlo, sí hay problemas con el tema de la matricería.

Toy Museum: Es como la fórmula secreta ¿no?

Bruno: Claro, tener los planos, etcétera. Pero eso siempre se cuidaba mucho y como la mayoría de los autos se copiaban de la realidad, no había problema. El tema era llevarlo a la práctica, lograr hacer la matriz del auto que estaba en la realidad.

Toy Museum: ¿Trabajaban con gente de acá, quienes hacían la matricería eran personas formadas en alguna universidad nacional que se fueron a trabajar con ustedes, o los formaban ustedes?

Bruno: Los matriceros eran dos y estaban trabajando en la matricería de acá de Buenos Aires, en San Andrés, eran conocidos de mi papá, y todo lo que hace a la producción de la fábrica eran todos de Gualeguay. Adentro de la fábrica llegó a haber 45 personas trabajando a full, y cien casas de familia donde se hacía todo lo que era calcomanías sacar el reborde de los autitos y cosas por el estilo... había un movimiento importante.

Además de eso estaba la distribución en San Andrés, al lado de la matricería, y ahí también había bastante gente. Además de eso lo que te conté arriba de la gente que distribuía por todo el país, había un distribuidor en Mar del Plata, uno acá en Buenos Aires, y también trabajábamos con La Marca Distribuidora –no sé si seguirá existiendo- que se encargaban de distribuir en Buenos Aires. Y después la fábrica se encargaba de enviar afuera.

Toy Museum: ¿Enviaban a los países limítrofes solamente o a todos lados?.

Bruno: Hubo envíos a Uruguay y por medio de las Ferias hubo envíos a España. No recuerdo bien si era por medio de la Cámara Argentina del Juguete, pero sé que hubieron bastantes envíos a España. Es más, también había muchos coleccionistas que llamaban y enviaban cartas, y se les enviaba el modelo que pedían.

Toy Museum: ¿De cualquier parte del mundo?

Bruno: De los lugares más inhóspitos, de Holanda, Alemania, pedían el modelo 14 que les faltaba y que no lo podían conseguir...Yo tengo muchas de esas cartas guardadas.

Toy Museum: Y uno se pregunta de dónde habrían conseguido todos los otros, ¿verdad?

Bruno: Claro, la verdad es que trae lindos recuerdos. Pero claro, la mayor parte de la producción se vendía acá, en Argentina, y tenía salida afuera por medio de la Cámara, de algún representante en el interior del país que tenía otros contactos, etc. El 99% era para producir y vender acá en la Argentina.

Toy Museum: Me contaban tu mamá el otro día cuando la contactamos telefónicamente que ustedes tenían la fábrica lista para producir y que los llamaron distribuidores de Buenos Aires con ganas de hacerla andar, y ella me dijo que no la pondría a funcionar hasta tanto y cuanto sepa que si pone la fabrica a producir no la va a tener que cerrar en el corto plazo. No quiere hacer experimentos. ¿Vos tenés ganas de continuar el proyecto de tu viejo?

Bruno: Claro, en cuanto a lo fáctico, la fábrica está en condiciones de funcionar, por supuesto con maquinaria retrasada en términos de tecnología, son 10-12 años los que la fábrica lleva parada. Tenemos también materia prima. Por supuesto falta reestablecer los contactos. Pero el resto está. El tema es la inseguridad jurídica que hay en este país. El congreso aprueba leyes, y después las anula, hace que vos tengas que montar una fábrica, con todo lo que eso implica, y pongas a trabajar a un montón de gente y decirles 15 días después, “no, disculpen, acá cambiaron las reglas, tenemos que cerrar.” Eso hace poner en duda el tema de reabrir la fábrica. Pero bueno, si hoy hubiera posibilidades, por supuesto que nos interesaría.

El tema es contraponer las posibilidades que tenés en la coyuntura actual de que se están abriendo un montón de empresas en la Argentina con la inseguridad de la que estaba hablando antes, por una cuestión histórica.

Eso es quizá lo que nos da más miedo. Estamos trabajando con otra cosa ahora, pero está todo apartado y guardado. Es más, todo lo que es máquina de inyección, etc, cada tanto tiempo se abre, se limpia, se engrasa y se vuelve a guardar.

Toy Museum: A mi me sorprende mucho lo cuidadosos que fueron ustedes con este patrimonio. Cuando fuimos a entrevistar a quien hacía los Duravit, nos encontramos con que la matricería habían tenido que venderla como chatarra. Es muy visionario ser tan cuidadoso con su empresa como lo fueron ustedes.

Bruno: Bueno, sí, a parte de ser visionario tiene que ver con la situación que haya pasado cada empresa. Nosotros tuvimos la suerte –según lo que yo sé somos la única fábrica en la Argentina, esto es relativo- que pudo cerrar bien, es decir, echando e indemnizando a cada uno de los empleados. No corrieron la misma suerte Galgo ni Gorgo por ejemplo. Cuando mi papá empezó a ver como se venía la debacle, empezó a indemnizar a la gente, porque no había producción, no se vendía nada, y tuvimos la suerte de terminar el último día indemnizando a la última persona y sin dejar a nadie sin cobrar un solo sueldo. Entonces, al vos dejar a todos los trabajadores indemnizados, tenés todo ese marco que te lo dio el poder cerrar la fábrica no de un día para el otro sino con tiempo, hace que estés en mejor situación que la persona que tiene que vender la matricería para pagar a los empleados. Como lo teníamos como segundo rubro lo pudimos mantener así y poder indemnizar a los empleados que era lo más importante y a su vez ir resguardando el material de la fábrica.

Toy Museum: De hecho yo hablé con uno de los empleados de la fábrica por teléfono tratando de contactarlos a ustedes, el Sr. Berizo.

Bruno: Claro, bueno, él se relacionaba con esas 100 familias que te comentaba antes que trabajaban en sus casas, que pegaban calcomanías, o pintaban...

Toy Museum: ¿Los autitos eran pintados a mano?

Bruno: No, había unas cintas de pintura electroestática que trabajan a 1000 voltios, con un horno de secado que tiene unos 40 metros de distancia donde el autito se pinta, pasa por una corriente eléctrica que asienta la pintura al metal y después tiene una distancia, hasta que es recogido y puesto en la caja de cartón, de ahí va después a otro proceso, donde el autito va secando la pintura. Porque la pintura que se usaba para que tenga mayor adherencia y durabilidad eran pinturas de alta temperatura. Entonces cuando se termina todo ese proceso y el autito queda únicamente con la carrocería pintada, era mandado a las casas de familia con las calcomanías para poner. También se encargaban de quitarle las “rebarbas” a las bases inyectadas que era parte de la primera fase de producción. Y también se les ponía el cromado, había dos casas de familia especializadas en esta tarea. Con una máquina a presión se estampaba el cromado de las ruedas. Esas tres actividades se hacían en casas de familia. El muchacho con el que vos te contactaste era el encargado de llevarlos a las casas y retirarlos para la fábirca.

Esto es un pantallazo para que veas que en la fábrica se hacía desde la matricería, la idea, hasta este trabajo de detalle que te cuento ahora.

Toy Museum: El otro día estaba mirando el libro de Buby y veía que ellos tuvieron distintas cajas y ruedas de los autos. ¿Las de Muky fueron siempre igual?

Bruno: Si, siempre fueron de plástico negro y siempre la llanta fue impresa, y la impresión de un cromado que hacía parecer que fuera una llanta. Lo que sí se hizo en un momento antes de que cerrara la fábrica, fue otro tipo de matricería que se intentó meter en el mercado pero no tuvo mucho éxito. Era un auto de plástico con ruedas “patonas”, los autos eran del mismo tamaño, pero las ruedas eran muy grandes. Esos se hicieron enteramente de plástico y eran de colores vivos, venían en todo lo que fuera fosforescente. Pero además de ese invento siempre se trató de conservar el mismo modelo, el mismo tamaño, tanto en las ruedas como en la carrocería y el chasis. Era muy tradicional la fábrica Muky si se quiere en ese aspecto.

Toy Museum: Sobre el packagin, vos me decías que tenían cajitas y blister...

Bruno: Sí, exactamente. El producto a la venta era cajita y blister. Hubo un blister triple también que ese lo fabricaban y lo hacían cuando la fábrica no era nuestra. La firma que lo hacía, la de Libio Conti, se llamaba Súperveloz, y la nuestra es Induguay. Cuando compramos la fábrica había mucho embalaje con blister triple, los autitos venían tres, uno arriba del otro. Seguimos produciendo y terminamos el ciclo del blister triple. Y ahí empezamos a hacer la nuestra que era una cajita individual que tenía un visor, y también un blister, del cual hasta hacíamos el plástico. Todo lo hacíamos ahí. Lo único que mandábamos a hacer acá a Buenos Aires era la cajita porque no teníamos impresora. Todo lo que era armado lo hacíamos en Gualeguay.

Toy Museum: Es interesante, porque la cajita la usaban para hacer propaganda “Compre Argentino” y además el tema de las figuritas, con lo que se puede decir que unían las pasiones argentinas, las figuritas y los autitos.

Bruno: Si, hasta tenemos el privilegio mi hermano y yo de estar en la foto que iba detrás de las cajitas, teníamos un auto de carrera, también aviones para promocionar los autitos, y se entregaban gratuitamente vuelos de bautismo, unos boletos que eran una foto con toda la imagen de la producción de la fabrica de autitos desde el inicio de la producción hasta la pieza terminada, era en papel foto, que decía “Vení a volar con nosotros”. La misma camioneta de Muky te acercaba al aeroclub y hacías toda la vuelta por Mar del Plata, Miramar o por donde estuviera la promoción.

Además de eso, todo el tema de la venta de los autitos se hacía en diferentes partes, desde la Rural en Buenos Aires, hasta una muestra importante que hay también en Mar del Plata, todo evento importante donde hubiera posibilidad de armar un stand se iba.

Toy Museum: Respecto a los autitos, los hacían de diferentes colores...

Bruno: Sí, sí. Los blancos son los que más se gastan con el tiempo, se empiezan a poner amarillos.

Toy Museum: Por lo que me comentaste recién, la publicidad de la empresa era muy grande

Bruno: Enorme, teníamos merchandising desde reglas, camisetas, biromes...

Toy Museum: ¿Los modelos se le ocurrían a cualquiera de los que trabajaba en la fábrica?

Bruno: Sí, pero especialmente a los de matricería, ellos tenían siempre la última palabra, porque el tema es llevar a la matriz un auto que está en la realidad. Entonces, por ahí te puede gustar mucho un auto pero no lográs hacer una matriz de eso, sacarle los planos y demás.

Toy Museum: ¿y las matrices cómo eran, cómo las hacían, como una artesanía y después lo pasaban a más grande?

Bruno: Sí, creo que era así. En Gualeguay tenemos los primeros moldes y son todos hechos de goma, de madera, -no tengo idea bien cómo era el proceso, pero tengo moldes de cómo diferentes pasos- otro en cobre y después en samac. En cuanto a la maquinaria son importante las pulidoras y con la que se hacen los moldes.

Toy Museum: Sobre lo que me contabas hace un rato de las cartas de coleccionistas que te llegaban, ¿a ustedes cómo les caía eso?

Bruno: Los tipos pedían las cosas con una delicadeza y un cuidado terrible, donde primero se presentaban, contaban su situación, pedían el modelo que necesitaban... y lo que tratábamos de hacer era cumplir con esa gente que estaba tan interesada, a nosotros no nos costaba nada y queríamos que estén satisfechos.

Toy Museum: ¿Se les ocurrió alguna vez sacar una línea de colección especialmente para coleccionistas?

Bruno: Especialmente para coleccionistas no. Nosotros teníamos –nosotros digo yo que cuando se tomaban estas decisiones yo estaba jugando con los autitos- la proyección de aumentar la producción con algún pequeño cambio en el autito pero siempre apuntando a un público muy masivo. No querían llegar tanto al coleccionista riguroso, sí a una persona que coleccionara autitos de la Argentina, pero no al coleccionista perfeccionista que implicaría darle un detalle que sería por fuera de la línea de producción, para que lo considere una pieza única.

Toy Museum: Se nota que apuntaban a la masividad en el tema de las becas que me contabas antes.

Bruno: Lo que sí se pensó en una época, y empezamos a ver la posibilidad, era hacer una serie de autitos –100, 200- de oro; y distribuirlos en todo el país sin hacer alusión alguna a que había autitos de oro circulando por el país. Se pensó, se ideó, se mezcló el material con el samac, y cuando lo empezamos a inyectar no respondieron bien las máquinas para poder hacerlo. Y por eso no se hizo. Pero la idea de hacerse era que luego de repartidos se sacara una solicitada en el diario diciendo que en el país andaban dando vuelta autitos de oro. Y esa iba a ser la edición limitada de los autitos Muky.

Toy Museum: ¿No tienen prototipos de estos autitos?

Bruno: No, iba a ser la misma matricería pero como la amalgama no funcionó no los pudimos hacer. Es casi seguro que esto no funcionó producto de la inexperiencia. Si hubiéramos consultado con un orfebre nos hubiera dicho qué productos usar y listo.

Todo esto pasó en esa fábrica, desde el cambio de la base de los autitos para la mejor suspensión hasta esta idea de los autitos de oro. Tenían pensado hacer una buena campaña publicitaria para que la gente comprara más y buscara su autito de oro. Y después seguramente terminaría en manos de un coleccionista esa pieza. Era una manera de incentivar también la compra, de llamar la atención.

Toy Museum: ¿Uds. cerraron con el menemismo?

Bruno: Nosotros cerramos en el año '91, la debacle empezó en el '90, después de la apertura indiscriminada de la importación, que acabó por supuesto con la producción nacional. Alcanzamos a cerrar en el '91 después de haber despedido a todos los empleados e indemnizarlos. Eso también costó su dinero y se tuvo que sacar plata de otros lados. En eso tuvimos el privilegio de cerrar “tranquilos” la fábrica y de esa manera impedir vender la fábrica o sus retazos o maquinaria para pagarle a los empleados. Por eso es que podemos hoy en día conservar la maquinaria.

Toy Museum: Nosotros todavía no encontramos en el ámbito del juguete ningún productor que haya logrado sobrepasar la década del '90.

Bruno: Creo que lo que pasó fue que era materialmente imposible competir. Fijate que un autito de estos de los nuestros, tiene de costo $1.- , a lo que se le tiene que sumar la ganancia. Pero diez autitos chinos tenían como precio de mercado $1. Esa es la diferencia, aunque haya diferencia de calidad, el mercado argentino no podía decir, “compren autitos de producción nacional que son de mejor calidad”, porque de hecho el precio es importante también.

Fue salvaje la situación, había devastación por parte de la importación y ahora estamos sufriendo las consecuencias.

Toy Museum: ¿Les quedaron muchos autitos de aquella época?

Bruno: Nosotros todavía seguimos vendiendo parte de la producción de aquella época. Especialmente al Museo de Fangio, la Cupecita '30 y el Ford '40, por ejemplo, porque nosotros todavía mantenemos ciertos contactos les acercamos algunas cajas de los autos que tenemos armados, que todavía quedan bastantes. Porque la fábrica hacía varios modelos por mes.

Toy Museum: ¿Te acordás cuánto producían por mes?

Bruno: Más o menos, el pico de producción llegó a ser algo de 50 o 60.000 autitos por mes. Fue importante.

Toy Museum: Es muchísimo, y de hecho, como me contabas antes, ustedes proveían a todo el país con las camionetas...

Bruno: Claro, ellas dependían de la empresa y tenía un viajante que llevaba el producto. Además trabajábamos con encomienda, y en Buenos Aires, por las dimensiones de la capital, trabajábamos con una distribuidora, La Marca. Pero se trataba de centralizar todo en la fábrica.

La Marca Distribuidora, estaba encargada de distribuir todos los productos nacionales en materia de juguetes y ellos nos acompañaban en las campañas de promoción grandes. Nuestro fuerte en eso era Mar del Plata en el verano. Íbamos todas los veranos y llevábamos casillas, autos de carrera, avión, era un gran circo que montábamos en la ciudad y que era muy bien recibido por la gente y los chicos. Teníamos distintos tipos de productos de promoción, desde llaveros, remeras, tazas, y un montón de cosas. Se sentía el nombre entre la gente, así conocida como Buby, Galgo. La importancia que tuvo la producción nacional en ese momento histórico fue increíble, hoy eso no se da en el ámbito del juguete. Todavía hoy tomo mi café con leche en las tazas Muky.

Toy Museum: ¿Y de donde salen esas tazas?

Bruno: Lo que pasa es que el galpón que compra mi viejo para instalar la fábrica una vez adquirida, antiguamente era una fábrica de cerámica, de tejas, loza, todo cerámica. Cuando se compra se compra a galpón cerrado, en un remate. Mi papá fue, no tenía mucha idea, creemos que levantó la mano para rascarse la cabeza y así fue. De hecho teníamos el 2% de la plata para pagar el galpón... Compra el galpón y el día que lo vamos a abrir vemos en el piso del galpón todas las tazas tiradas, bandejas y todo lo que es vajilla, y había cantidades industriales. Ahí surgió la idea de enlozarlas y ponerles las imágenes de los autitos.

Allá en la fábrica, tenemos una colección de la mayoría de los autos que se hacían en el país, también de los Bugatti, en una de los paredes de la oficina, hay toda una pared de vidrio y adentro están todos los autos, los Buby, los Muky, los Galgo, los Gorgo, y hay un montón de autitos que fueron recopilados de distintos lugares y puestos ahí. Siempre que va gente nos pregunta si los hacíamos todos nosotros, y yo pienso. ¡Ojalá!

Toy Museum: Muchas gracias por todo.

Bruno:Gracias a ustedes por el trabajo.

Toy Museum: Hasta pronto.



Mientras me preparaba para irme concretábamos un futuro encuentro, con más información. Era el principio de algo que soñamos y anhelamos por tanto tiempo, comenzábamos a reconstruir la historia de una de las fábricas argentinas más importantes en el rubro.






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Re: entrevista sl sr BRUNO DELL ARCIPETRE de MUKY

Mensaje por Invitado el Miér Nov 24, 2010 11:35 pm

te digo que me lo lei todo, muy interesante. lastima que dejo de existir muky, se veia interesante

en los anños que estuvo la produccion fue la epoca de mi niñez, pero no recuerdo de haber tenido un muky


saludos

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Re: entrevista sl sr BRUNO DELL ARCIPETRE de MUKY

Mensaje por Mustang el Miér Jun 29, 2011 1:31 pm

cheers MUY BUENA LA HISTORIA!!! qué bárbaro, todo lo que cuenta Bruno y que suerte que lo encontraron para hacerle la entrevista.
Qué bueno que conserve todavía todas las cosas para fabricarlos, quien sabe, algún día quizás, vuelvan a hacerlos.
Muchas gracias por poner ésta historia tan linda.
Por suerte tengo algunos Muky que sobrevivieron a mi infancia! Very Happy
Un abrazo

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Re: entrevista sl sr BRUNO DELL ARCIPETRE de MUKY

Mensaje por Don Enzo el Vie Sep 07, 2012 9:44 pm

SUPER INTERESANTE LA NOTA. EXCELENTE!! cheers
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Re: entrevista sl sr BRUNO DELL ARCIPETRE de MUKY

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